El paso de la cultura musulmana por Jerez se refleja en las construcciones almohades del siglo XII. El Alcázar mantiene entre sus dependencias una pequeña mezquita cristianizada, baños árabes, hermosos jardines y varias torres, debido al carácter cívico militar del edificio. De las murallas que antaño protegían la ciudad, aún se conservan algunos tramos.

El impulso económico que experimentó la aristocracia agrícola y ganadera de Jerez durante el siglo XV, y la burguesía de la industria vinícola jerezana entre los siglos XVII y XVIII, dió lugar a la construcción de magníficos palacios. El centro histórico de la ciudad está salpicado por multitud de casas señoriales en las que predomina una arquitectura de estilo clásico y barroco.

Una infinidad de templos de construcción mudéjar, gótica, renacentista y barroca, levantadas entre los siglos XV y XVIII, pueblan las calles del centro de Jerez. La espectacular Catedral, erigida en el siglo XVIII, combina las formas góticas, barrocas y neoclásicas. Aunque el edificio religioso más significativo es el Monasterio de la Cartuja, iniciado en el siglo XV, donde se mezclan con gran armonía el gótico y el renacimiento.

Una de las obras arquitectónicas más importantes de Jerez es el Cabildo, un edificio civil renacentista del siglo XVI prácticamente intacto. La industria vinícola comenzó a generar en el siglo XVIII un gran número de bodegas. La ciudad también cuenta con una espléndida plaza de toros del XIX.